En el marco de su regreso a México durante octubre de 2026 con la gira The Show Must Go On, en El Rocanrosaurio conversamos con Alan Parsons sobre inteligencia artificial, grabación digital, música en vivo, el deterioro del álbum como unidad artística, los cincuenta años de una carrera que comenzó detrás de los controles y la extraña vigencia de discos que alguna vez parecieron futuristas y hoy suenan casi proféticos.
De Abbey Road al otro lado del micrófono
Parsons pertenece a una generación para la cual “trabajar en la industria musical” podía significar literalmente cargar cintas, aprender los secretos de una consola y observar cómo se construía una grabación desde adentro.
En esta conversación recordó su tránsito desde la fonoteca de Abbey Road hasta convertirse en ingeniero asistente, después ingeniero, productor y finalmente artista con The Alan Parsons Project. Medio siglo después, resumió aquella trayectoria sin demasiada nostalgia: seguía trabajando en el negocio que mejor conocía y que más amaba.
La historia previa es conocida, pero sigue siendo difícil de contar sin que parezca el currículum de alguien que hizo trampa. Parsons llegó a Abbey Road siendo muy joven, participó como asistente de ingeniería en trabajos de The Beatles y posteriormente alcanzó reconocimiento internacional por su labor de ingeniería en The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd. Más tarde llegarían producciones para Pilot, Al Stewart y otros artistas antes de asociarse con Eric Woolfson y crear The Alan Parsons Project.

Parsons y Woolfson convirtieron aquella asociación en algo bastante extraño incluso para los años setenta: un proyecto concebido desde el estudio, con diferentes músicos y vocalistas elegidos según las necesidades de cada composición, antes que alrededor de la identidad tradicional de una banda estable. Entre 1976 y 1987 desarrollaron una discografía fundamentalmente conceptual, comenzando con Tales of Mystery and Imagination, inspirado en Edgar Allan Poe.
Por eso resulta particularmente interesante escuchar a Parsons hablar ahora de inteligencia artificial. No estamos ante un músico que pasó cincuenta años defendiendo una grabadora de cinta como si fuera la última trinchera de la civilización occidental. Al contrario.
No, Alan Parsons no está peleado con la tecnología
Cuando se le preguntó si existía algo del proceso analógico que la tecnología digital jamás podría reemplazar, Parsons no respondió con nostalgia. Dijo exactamente lo contrario. Para él, la electrónica y el audio digitales continúan mejorando y le permiten trabajar mucho más rápido que si hubiera permanecido atado exclusivamente a herramientas analógicas. Incluso anticipó que llegará un momento en que será cada vez más difícil distinguir si determinada grabación utilizó equipo digital o analógico.
Eso cambia por completo la naturaleza de su postura frente a la inteligencia artificial. Parsons no está defendiendo el pasado contra el futuro. Lleva toda su vida trabajando con el futuro.

En años recientes incluso ha regresado a las grabaciones multipista originales de su catálogo para reconstruirlas en formatos contemporáneos de sonido envolvente y Dolby Atmos. Durante la entrevista explicó que ese trabajo le permitió volver a escuchar por separado voces, bajos, baterías y guitarras grabadas décadas atrás y reconsiderar decisiones que tomó originalmente como productor.
En 2026, además, Eye in the Sky recibió una nueva mezcla Dolby Atmos realizada por el propio Parsons a partir de las cintas multipista originales, mientras varios títulos clásicos del catálogo han seguido siendo restaurados y reeditados. Es decir: su problema nunca fue que apareciera una herramienta nueva. Su problema comienza cuando la herramienta pretende ocupar el lugar del autor.
Cuando I Robot dejó de parecer ciencia ficción
Uno de los momentos más interesantes de la conversación surgió cuando se le preguntó si alguna canción de The Alan Parsons Project había adquirido para él un significado distinto con el paso del tiempo.
Parsons pensó inmediatamente en I Robot. El álbum apareció en 1977, cuando la relación entre seres humanos y máquinas pertenecía todavía, en buena medida, al territorio de la ciencia ficción. Casi cincuenta años después, algunas de aquellas ideas han sufrido una mutación bastante inquietante.
Parsons señaló que una canción como I Wouldn’t Want to Be Like You podía interpretarse originalmente como un hombre dirigiéndose a una máquina. En el mundo actual, dijo, quizá podría entenderse exactamente al revés: como una máquina hablándole a un hombre.
La observación es breve, pero resume medio siglo de historia tecnológica. El futuro que I Robot imaginaba terminó llegando, sólo que no con robots metálicos persiguiendo humanos por corredores iluminados con focos rojos. Llegó mediante software capaz de escribir, conversar, generar imágenes, reconstruir voces y producir música en segundos.
“Debemos aprender a separar la música creada por IA del verdadero talento”
En El Rocanrosaurio quisimos llevar la discusión un poco más lejos y le recordamos a Parsons que él mismo había desempeñado un papel importante en transformaciones tecnológicas anteriores dentro de la música y la grabación. Si la llegada de sintetizadores, nuevas técnicas de estudio y herramientas digitales modificaron profundamente la manera de producir discos, ¿podría la inteligencia artificial representar simplemente otra revolución semejante? ¿O existe algo en la creatividad humana que una máquina nunca podrá sustituir?
Su respuesta marcó con bastante precisión la frontera. “Debemos aprender a separar la música creada por inteligencia artificial del verdadero talento”, respondió.
Parsons confió además en que un público capaz de discernir terminará entendiendo la diferencia, porque, en sus palabras, “la verdadera alma, la verdadera creatividad” provienen de un ser humano y no de las máquinas. Y colocó inmediatamente otro elemento sobre la mesa: el concierto.
Mientras exista un escenario vivo, sostuvo, todavía habrá una manera de mantener esa diferencia. No era la primera vez durante la conversación que Parsons utilizaba prácticamente la misma palabra: alma.
Minutos antes había señalado que, independientemente de cuánto avance la tecnología o la inteligencia artificial, el alma verdadera de la música seguirá apareciendo en una interpretación en vivo y no exclusivamente en una grabación. Según Parsons, ya quedó demostrado que la IA puede producir música. El problema es otro: para él, esa música carece de alma.
El argumento cobra mayor peso porque no proviene de alguien que considere que las computadoras son electrodomésticos poseídos por Satanás. Proviene de un ingeniero de sonido.

El verdadero problema será cuando empiece a sonar bien
Parsons contó que The Alan Parsons Project parece estar atrayendo ahora a públicos más jóvenes. Aventuró una explicación generacional: quizá algunos sean nietos de los seguidores originales, pero también consideró que existe cierto cansancio frente a la saturación de música electrónica, rap y pop, y una demanda por sonidos más orgánicos.
Definió sus primeros trabajos con tres palabras particularmente significativas: orgánicos, reales y humanos. Después fue todavía más claro sobre su relación personal con la IA. Dijo que está evitando involucrarse con ella tanto como puede.
Cualquiera, añadió, podría utilizar inteligencia artificial para crear una canción al estilo de The Alan Parsons Project. La máquina podría producirla y ejecutarla. Pero, en su opinión, esa pieza carecería de alma y de verdadero valor. Entonces apareció uno de esos pequeños momentos que en una entrevista suelen decir más que una respuesta cuidadosamente preparada.
Ante el comentario de que seguramente una canción creada por IA tampoco sonaría tan bien como su música, Parsons contestó: “Espero que tengas razón”. Y después agregó: “Tendremos un verdadero problema si empieza a sonar bien”. La frase contiene más incertidumbre que cualquier manifiesto contra la inteligencia artificial. Porque Parsons no niega que la tecnología pueda evolucionar. Precisamente por haber contemplado durante cincuenta años cómo lo imposible se convierte en cotidiano, sabe que apostar contra el progreso técnico suele ser una excelente manera de perder dinero.
El debate contemporáneo alrededor de la música generada por IA ya ha comenzado a desplazarse justamente hacia ese territorio: no sólo si una máquina puede generar una canción, sino qué ocurre con la autoría, la autenticidad y el valor creativo cuando el resultado comienza a ser suficientemente convincente para el oyente.
El otro enemigo: escuchar una canción y largarse
La inteligencia artificial no fue, sin embargo, el único cambio contemporáneo que preocupa a Parsons. Hay otro bastante menos espectacular pero probablemente más importante para alguien cuya obra se construyó alrededor del álbum conceptual: la desaparición progresiva del hábito de escuchar un disco completo. Parsons describió el ecosistema actual con una brutalidad casi administrativa: hoy existe una cantidad descomunal de música disponible y prácticamente cualquier persona puede publicarla sin atravesar la vieja infraestructura de una compañía discográfica.
Subir una canción, encontrar distribución y colocarla en plataformas dejó de ser el privilegio de unos cuantos. Eso democratizó la publicación musical, pero también produjo una inundación y modificó el comportamiento del público. “Hoy es un mercado de canciones, no de álbumes”, resumió Parsons.
Según explicó, buena parte del público ya no quiere escuchar 45 o 50 minutos de música de un mismo artista. Escucha una canción y pasa inmediatamente a otra. Para cualquier músico eso representa un cambio industrial. Para Alan Parsons representa además un problema creativo. The Alan Parsons Project construyó buena parte de su identidad alrededor de discos que funcionaban como obras articuladas. Un álbum podía tener tema, introducción, desarrollo, conclusión y conexiones internas entre canciones. Ese modelo resulta bastante más difícil de defender cuando el oyente entra, consume cuatro minutos y escapa hacia la siguiente recomendación del algoritmo como si el álbum estuviera incendiándose.
Parsons lo explicó claramente: resulta complicado concebir una obra conectada de principio a fin cuando sabes que el público probablemente descargará o reproducirá una sola canción a la vez.
Medio siglo trabajando por instinto
Quizá por eso otra de sus respuestas ayuda a comprender por qué ese catálogo ha sobrevivido mejor que muchas producciones diseñadas deliberadamente para sonar contemporáneas. Ante el cuestionamiento sobre si todavía buscaba algún sonido que no hubiera conseguido encontrar, Parsons prácticamente desarmó la pregunta. Si todavía no lo había encontrado, dijo, entonces no podía saber qué estaba buscando.
Después explicó que jamás entra al estudio tratando de fabricar conscientemente “el sonido Alan Parsons”. No piensa en una audiencia determinada ni intenta dirigir su música hacia una época específica. Simplemente trabaja, intenta hacer el mejor trabajo posible y se deja llevar por el instinto.
Según Parsons, incluso le han comentado que sus discos podrían intercambiar sus fechas de publicación sin que necesariamente parecieran pertenecer a otra época. Para él, el objetivo nunca fue perseguir deliberadamente el futuro, sino encontrar aquello que se sintiera correcto en el momento. Es una idea curiosa viniendo de alguien cuya reputación estuvo siempre asociada con precisión, ingeniería y perfeccionismo. Pero quizá explica parte del asunto: la tecnología puede resolver el cómo; el instinto todavía decide el por qué.
Eric Woolfson, George Martin y convertir ideas en discos
La conversación también permitió regresar al origen del propio Project. Sobre la relación creativa con Eric Woolfson y si su papel podía compararse con el de George Martin frente a las ideas de The Beatles, Parsons explicó que la división inicial del trabajo era bastante clara: Woolfson sería fundamentalmente el compositor y él asumiría la producción. Con el tiempo, Parsons participaría también más activamente en la composición. Pero en aquellos primeros años, todo lo relacionado con sonido y producción terminaba habitualmente en sus manos, mientras Woolfson desarrollaba buena parte de las canciones y conceptos.

Parsons reconoció directamente la influencia de George Martin. Veía en él a alguien capaz de recibir una idea musical y encontrar la manera de convertirla en una grabación concreta. Algo semejante, explicó, ocurrió entre él y Woolfson: Eric llevaba canciones y Parsons encontraba la mejor forma de convertirlas en discos. La comparación permite entender por qué The Alan Parsons Project fue siempre algo más raro que una banda. Era casi una arquitectura de producción.
Sirius, los Chicago Bulls y una canción que escapó del disco
Cuando la conversación giró hacia las canciones capaces de transportar a su propio creador hacia otra época, Parsons eligió inevitablemente Eye in the Sky y, particularmente, Sirius. El álbum de 1982 fue uno de los grandes puntos de llegada comercial de The Alan Parsons Project y su introducción instrumental terminó desarrollando una segunda existencia completamente independiente del disco. Parsons recordó su utilización en acontecimientos deportivos, entre ellos los partidos de los Chicago Bulls, además de otros equipos y competencias de futbol y beisbol.
Es una ironía perfecta para alguien preocupado por la fragmentación del álbum. Sirius fue concebida dentro de una obra mayor y terminó convertida en uno de esos fragmentos culturales capaces de vivir sin que buena parte del público sepa siquiera de qué disco provienen. Parsons también mencionó entre sus favoritas Don’t Answer Me, Games People Play y The Turn of a Friendly Card, aunque después de cincuenta años de repertorio aceptó que elegir resulta francamente complicado.

El escenario como último territorio humano
Al final, casi todos los caminos de la entrevista terminaron regresando al mismo lugar: El escenario. Para Parsons, perder la música en vivo significaría perder algo esencial del propio negocio musical. La grabación puede transformarse, las herramientas pueden evolucionar, los formatos pueden desaparecer y la inteligencia artificial podrá ser capaz de generar resultados cada vez más convincentes. Pero un concierto sigue requiriendo cuerpos, decisiones, errores, interpretación y una relación inmediata con otras personas. Por eso su defensa del escenario no suena como nostalgia. Funciona como respuesta a todo lo demás.
Parsons sostiene que la música en vivo debe mantenerse activa porque, sin ella, incluso la grabación corre el riesgo de convertirse en un objeto progresivamente desvinculado de la experiencia humana. Y ahí aparece inevitablemente México.
The show must go on: Alan Parsons vuelve a México
Las presentaciones mexicanas de Alan Parsons previstas originalmente para comienzos de 2026 tuvieron que posponerse. El nombre de la gira terminó adquiriendo entonces un significado casi demasiado apropiado: The Show Must Go On. Parsons explicó durante la entrevista que el título funciona, por supuesto, como la conocida expresión de que el espectáculo debe continuar, pero también conecta con su propio catálogo mediante Day After Day (The Show Must Go On), incluida en I Robot.
La gira mexicana tendrá además una fuerte mirada hacia los orígenes de The Alan Parsons Project. En 2026 se cumplen cincuenta años de Tales of Mystery and Imagination, publicado originalmente en 1976, y Parsons adelantó que una parte importante del espectáculo estará dedicada al material temprano. Naturalmente, eso no significa sacrificar las canciones que el público espera escuchar: confirmó piezas como Eye in the Sky, Games People Play y Don’t Answer Me.
El Alan Parsons Live Project iniciará su recorrido mexicano el 14 de octubre en el Poliforum León, continuará el 16 en el Velódromo Olímpico de la Ciudad de México, llegará el 18 al Teatro de la Ciudad de San Luis Potosí, el 21 al Auditorio Josefa Ortiz de Querétaro, el 23 a la Arena Guadalajara y cerrará el 25 de octubre en el Foro GNP Seguros de Mérida. Las seis presentaciones aparecen actualmente confirmadas en el calendario oficial de Alan Parsons.
Y quizá la mejor invitación posible la hizo el propio Parsons, al terminar la conversación: “Hola, soy Alan Parsons y tenemos muchísimas ganas de volver a México de gira en octubre. Nos vemos allá”.
Los boletos y accesos oficiales para cada presentación pueden consultarse desde la sección de conciertos del sitio oficial de Alan Parsons, que dirige a las plataformas correspondientes para cada ciudad.

Cierre editorial
Resulta bastante apropiado que quien ayudó a construir algunos de los sonidos más futuristas de los años setenta termine defendiendo algo tan rudimentario como un ser humano tocando frente a otro. Las máquinas seguramente aprenderán a imitar mejor la música. Lo verdaderamente incómodo empezará cuando tengamos que preguntarnos si nosotros todavía sabemos escuchar la diferencia.
Referencias Editoriales
La Jornada. “La IA puede crear música, pero carece de alma”: Parsons
Publimetro México. Alan Parsons: “Nos han demostrado que la IA puede crear música, pero carece de alma”
Agencia Reforma / El Diario de Chihuahua. Pinta Alan Parsons su raya ante la IA
GRAMMY. The Art & Science Of Alan Parsons
Abbey Road Studios. Abbey Road Meets Alan Parsons
The New Yorker. Who’s Afraid of A.I. Music?
Alan Parsons Live — sitio oficial. Alan Parsons Live Project: Tour Dates
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