Un nombre que ya era una declaración de guerra
Nació como Jesus Christ Allin en Lancaster, New Hampshire, porque su padre le dijo a su esposa que Jesucristo en persona lo había visitado para anunciarle que su hijo recién nacido sería un hombre grande, a la manera del Mesías. Su hermano mayor no podía pronunciar «Jesus» correctamente y lo llamaba «Jeje», que con el tiempo se convirtió en «GG». La madre eventualmente le cambió el nombre a Kevin Michael Allin, tratando de darle al niño una infancia normal. No funcionó del todo.
El padre era un fanático religioso y abusivo que amenazaba a su familia con la muerte, cavando tumbas en el sótano de la casa y prometiendo llenarlas pronto. GG creció en una cabaña de madera sin agua corriente ni electricidad, en condiciones que él mismo describió como «una existencia primitiva, más parecida a la de prisioneros que a la de una familia». Lo que hizo con ese material de origen lo convirtió en el personaje más extremo que el punk rock ha producido.

Lo que pasaba en un show de GG Allin
Para entender la noche del 18 de febrero de 1992 en Austin hay que entender primero lo que era un concierto de GG Allin con sus Murder Junkies: una mezcla de punk crudo de influencia Stooges y Dead Boys con actos de autolesión, desnudez, defecación en el escenario, ataques físicos al público y un nivel de caos que terminaba regularmente con la intervención policial. Allin fue arrestado más de 60 veces a lo largo de su carrera y pasó más de cuatro años en prisión por agresión y violaciones de libertad condicional.
Su plan de gira era consistente y, en su manera retorcida, casi profesional: tocar el show, soltar el micrófono en la última nota, meterse a la camioneta y salir del pueblo antes de que llegaran los policías. La noche del Cavity Club fue una de las pocas veces que los Murder Junkies tocaron un set completo. Y eso fue exactamente el problema.
Veinticuatro minutos y cincuenta y un segundos
El Cavity Club era el local de punk más austero de Austin, un sitio donde los dueños vivían en las propias instalaciones y donde la política era tan laxa que el contrato con Allin decía simplemente: «mitad de la taquilla, trae tu propio micrófono y buena suerte». La noche anterior, en Houston, la policía había visitado a Allin antes del show y le advirtió que no tolerarían sus habituales desmanes. Allin tocó un set contenido, sustituyendo lo que normalmente usaba por chili enlatado sacado de su ropa interior. En Austin no hubo advertencia previa.
El reporte oficial de la Policía de Austin describió la escena: la multitud salía corriendo por la entrada del Cavity, «alejándose del escenario jadeando y cubriéndose las caras». El oficial que llegó al lugar encontró a un hombre blanco desnudo en el escenario, sangrando de la frente. Antes incluso de que llegara la ambulancia, un joven de 20 años llamado James Michael Harper quería presentar cargos: declaró que Allin le había lanzado heces, golpeándolo en la cabeza.
Cuando el oficial le preguntó a Allin quién le había golpeado la frente, la respuesta fue directa: él mismo, con el micrófono del escenario. «La sangre le añade algo a la actuación», explicó. También preguntó por qué la policía le había rociado gas pimienta. El oficial le aclaró que no había sido la policía.
El warrant de Michigan
El show duró veinticuatro minutos con cincuenta y un segundos. Lo que vino después duró considerablemente más. Cuando trasladaron a Allin al hospital Brackenridge para atender su herida, los oficiales descubrieron que tenía una orden de arresto pendiente en Michigan por violar su libertad condicional en un caso de agresión. Eso fue lo que finalmente lo llevó a la cárcel esa noche, no los cargos por el show. Fue extraditado a Michigan para cumplir el resto de su condena.
Mientras tanto, de vuelta en el Cavity Club, el dueño Jimmy Bradshaw limpió el local con cloro, guantes de hule y un trapeador. Los calzones manchados de Allin fueron colgados en la pared con una etiqueta de precio de 50 dólares. Allin llamó cobrar desde la prisión de Michigan en varias ocasiones, queriendo volver. «Siempre le dije que era bienvenido», recordó Bradshaw. «Mismas condiciones: mitad de la taquilla y trae tu propio micrófono.»
El final que nadie pudo evitar
Allin salió de prisión en 1993 y volvió a Austin con los Murder Junkies en mayo de ese año. El show fue ruidoso pero no se acercó al de 1992. Allin había recordado su plan original: tocar, soltar el micrófono en la última nota, meterse a la camioneta y desaparecer antes de que llegaran los policías.
Su último show fue el 27 de junio de 1993 en un local llamado The Gas Station en Manhattan. La corriente se cortó después de dos canciones. Allin salió a la calle cubierto de sangre y fue a una fiesta en el departamento de un amigo. A la mañana siguiente lo encontraron muerto. Tenía 36 años. La causa fue una sobredosis accidental de heroína. Su funeral, según sus instrucciones, no incluyó ni limpieza del cuerpo ni maquillaje. Había una botella de Jim Beam en el ataúd.
Cierre editorial
GG Allin es uno de esos personajes que el rock produce de vez en cuando y que resultan imposibles de juzgar con los mismos parámetros que al resto. No porque sus actos fueran aceptables —muchos no lo eran— sino porque operaba desde una lógica tan completamente propia que cualquier intento de aplicarle criterios externos resulta casi cómico. La noche del Cavity Club no fue un accidente ni una pérdida de control: fue exactamente lo que Allin consideraba un show completo. Que terminara en el hospital y luego en la cárcel no era el fracaso del plan. Era parte de él.

Fuentes
- The Austin Chronicle — G.G. Allin Arrest Report, Cavity Club, February 18, 1992 (reporte policial original publicado íntegro)
- The Austin Chronicle — 30 Years Ago, GG Allin Cleared Austin’s Scuzziest Punk Venue in 24 Minutes
- Grunge.com — The Foul Reason GG Allin Was Arrested in Austin
- Blabbermouth — GG Allin: Savage South DVD
- Wikipedia — GG Allin
- Brooklyn Rail — GG Allin Gets Trapped in America, Sends Word to the Empire



