A los 81 años, el fundador de Deep Purple enfrenta una realidad que ningún riff puede derrotar
Durante más de medio siglo, Ritchie Blackmore construyó una reputación que parecía inmune al paso del tiempo. Fue el arquitecto de algunos de los riffs más influyentes de la historia del rock, el hombre detrás de clásicos como Smoke on the Water, el fundador de Deep Purple y posteriormente de Rainbow, además de uno de los guitarristas más admirados, temidos e impredecibles que ha dado el género.
Sin embargo, incluso las leyendas terminan enfrentándose a un adversario contra el que no existe amplificador lo suficientemente potente: el propio cuerpo.
El pasado 17 de mayo, Blackmore concedió una entrevista a Ultimate Classic Rock en la que explicó las razones detrás de la cancelación de los últimos cuatro conciertos de la gira otoñal de Blackmore’s Night en 2025. Lo que reveló no fue un anuncio de retiro ni una despedida definitiva de los escenarios. Fue algo mucho más humano: una conversación sincera sobre las limitaciones físicas que acompañan a un músico de 81 años que todavía desea seguir tocando.

Un historial médico que ha ido estrechando el camino
La situación de salud de Blackmore no comenzó con las cancelaciones del año pasado. Durante los últimos años ha enfrentado una serie de problemas médicos que han ido complicando cada vez más su actividad en vivo.
Entre ellos se encuentran hernias discales cervicales y lumbares que durante años requirieron inyecciones de bloqueo para permitirle salir de gira. A esto se sumó un infarto sufrido en 2023, episodio que provocó que sus médicos le recomendaran evitar los viajes en avión. También ha lidiado con episodios recurrentes de migraña ocular y con gota, una enfermedad que puede generar dolor intenso en las articulaciones.
Pero fue un episodio de vértigo ocurrido durante una gira de seis fechas por la Costa Este de Estados Unidos lo que terminó cambiando radicalmente su perspectiva.
La mañana en que el escenario desapareció
Según relató el propio guitarrista, el problema apareció de forma repentina durante la gira de noviembre de 2025.
Blackmore explicó que despertó una mañana sintiendo un vértigo tan severo que perdió completamente la capacidad de orientarse. La sensación fue tan intensa que la describió como la peor experiencia física de su vida.
En la entrevista recordó que apenas podía mantenerse en pie y que incluso pensar con claridad se volvió imposible. Comparó la experiencia con encontrarse en un pequeño barco pesquero atrapado en medio de una tormenta gigantesca, intentando sujetarse a cualquier cosa para no caer.
El músico fue trasladado a un hospital local, donde recibió tratamiento mediante la conocida Maniobra de Epley, un procedimiento utilizado para reposicionar pequeños cristales del oído interno que pueden provocar vértigo posicional benigno. También recibió antihistamínicos para controlar los síntomas.
Inicialmente pareció funcionar.
Sin embargo, apenas dos días después, el vértigo regresó.
La consecuencia fue inmediata: las cuatro fechas restantes de la gira fueron canceladas.
No es un retiro; es una redefinición
Lo más interesante de la entrevista es que Blackmore no habló en ningún momento de abandonar la música.
De hecho, el mensaje central fue exactamente el contrario.
Lo que está reconsiderando no es tocar en vivo, sino la logística necesaria para llegar hasta los escenarios. Después de décadas cruzando continentes, aeropuertos, hoteles y carreteras, el guitarrista llegó a una conclusión bastante simple: viajar se ha convertido en el verdadero problema.
Blackmore explicó que todavía disfruta profundamente tocar frente al público. Lo que ya no disfruta es el proceso de desplazarse largas distancias para hacerlo.
Por ello planteó una alternativa mucho más modesta, pero también mucho más realista: continuar ofreciendo conciertos únicamente dentro de un radio aproximado de entre 30 y 40 millas de su residencia en Long Island, Nueva York, donde vive junto a Candice Night, cantante y cofundadora de Blackmore’s Night.
La idea es sencilla. Si puede llegar en automóvil y regresar a casa sin someterse a largas jornadas de viaje, todavía considera viable seguir presentándose.
Una figura que ayudó a moldear el hard rock moderno
La noticia adquiere una dimensión especial cuando se observa el tamaño del legado de Blackmore.
Cuando fundó Deep Purple en 1968, el hard rock apenas comenzaba a definirse como lenguaje propio. Junto a músicos como Jon Lord e Ian Paice, ayudó a construir una de las bandas que terminarían influyendo directamente en el nacimiento del heavy metal.
Canciones como Highway Star, Burn, Child in Time y Smoke on the Water se transformaron en pilares fundamentales para generaciones enteras de guitarristas.
Más tarde, con Rainbow, exploró territorios aún más cercanos al metal melódico y la fantasía épica, contribuyendo al desarrollo de estilos que décadas después serían adoptados por innumerables bandas europeas y estadounidenses.
Su influencia es tan profunda que resulta difícil encontrar una corriente importante del hard rock o del heavy metal que no tenga alguna conexión con su trabajo.
El rock también envejece
Existe algo particularmente conmovedor en la imagen que deja esta entrevista.
Durante décadas, Blackmore fue visto como una figura casi mitológica. Un guitarrista temperamental, brillante, impredecible y muchas veces inalcanzable. Un músico capaz de abandonar bandas multimillonarias simplemente porque había perdido interés.
Ahora aparece hablando sobre kilómetros, hospitales y mareos.
Pero lejos de disminuir su figura, eso la vuelve más cercana.
Porque detrás de la leyenda sigue existiendo un músico que todavía quiere tocar.
No está planeando una gira mundial de despedida. No está construyendo un gran acto final para la historia del rock. Está intentando encontrar una manera práctica de seguir haciendo lo que ama sin poner en riesgo su salud.
Y quizá eso resulte más admirable que cualquier discurso sobre inmortalidad.
Cierre editorial
El rock pasó décadas vendiéndonos la idea de que sus héroes eran invencibles.
La realidad siempre fue distinta.
A los 81 años, Ritchie Blackmore ya no está calculando cuántos estadios puede llenar ni cuántos países puede recorrer. Está calculando cuántas millas puede alejarse de casa para seguir tocando una guitarra.
Y, curiosamente, eso suena mucho más rock and roll que cualquier gira de despedida.











