Ronald LaPread: El Bajo Que Ayudó A Construir El Sonido De The Commodores

Hay músicos cuya importancia rara vez aparece en las portadas.

No porque hayan contribuido menos que las grandes estrellas, sino porque eligieron un lugar distinto dentro de la historia. Mientras algunos ocupan el centro del escenario, otros construyen los cimientos desde donde todo lo demás puede existir. Ronald LaPread pertenecía a esa segunda categoría.

El bajista de The Commodores falleció el pasado 30 de mayo de 2026 en Auckland, Nueva Zelanda, a los 75 años de edad. La noticia fue confirmada por su hija, la productora musical Soraya LaPread, quien compartió un mensaje tan breve como devastador: «Si me conoces, conocías a mi padre. Estoy devastada».

La causa exacta de su muerte no fue revelada públicamente. Diversos medios neozelandeses reportaron que ocurrió tras un evento médico repentino. Lo que sí quedó claro fue la reacción inmediata de músicos, colegas y seguidores que reconocieron la importancia de un hombre cuyo trabajo ayudó a definir parte del sonido del soul, el funk y el R&B de los años setenta.

Durante cuatro décadas, LaPread vivió alejado de los reflectores internacionales en Nueva Zelanda. Sin embargo, la distancia geográfica nunca borró el legado de las canciones que ayudó a crear. Cada vez que alguien escucha «Easy», «Brick House», «Three Times a Lady» o «Sail On», también está escuchando parte del trabajo de Ronald LaPread.

De Alabama a Tuskegee: el origen de una historia improbable

Ronald LaPread nació el 4 de septiembre de 1950 en Alabama, en pleno sur estadounidense, una región donde la música formaba parte de la vida cotidiana mucho antes de convertirse en industria.

Su camino cambió cuando ingresó al Tuskegee Institute, la histórica universidad afroamericana de Alabama. Ahí coincidió con un grupo de jóvenes estudiantes que compartían una pasión común por la música. Entre ellos estaban Lionel Richie, Walter «Clyde» Orange, William King, Milan Williams y Thomas McClary.

En aquel momento nadie imaginaba que terminarían formando una de las agrupaciones más exitosas de su generación.

La banda comenzó bajo el nombre de The Mystics. Más tarde adoptó el nombre que terminaría haciendo historia: The Commodores.

Los primeros años estuvieron llenos de pequeños escenarios, largas carreteras y presentaciones universitarias. Como tantas bandas de la época, sobrevivían tocando donde hubiera una oportunidad. Pero detrás de esa rutina comenzaba a construirse una química musical extraordinaria.

Lo que diferenciaba a The Commodores era su capacidad para moverse entre distintos géneros sin perder identidad. Podían sonar agresivos y bailables en una canción de funk, profundamente melancólicos en una balada o elegantemente sofisticados en una pieza soul.

Y en el centro de todo estaba el bajo de Ronald LaPread.

Motown, Lionel Richie y el ascenso de los Commodores

La gran oportunidad llegó en 1972 cuando Motown decidió apostar por la banda.

Firmar con el sello de Berry Gordy significaba ingresar a una de las organizaciones musicales más importantes del planeta. Por las oficinas de Motown habían pasado artistas como Marvin Gaye, Stevie Wonder, The Temptations, Diana Ross y The Supremes.

Los Commodores comenzaron abriendo conciertos para la Jackson 5, una experiencia que les permitió aprender el funcionamiento de las grandes giras y enfrentarse a públicos masivos.

La evolución fue rápida.

A mediados de la década ya se habían convertido en una de las agrupaciones más importantes de la compañía. Mientras Lionel Richie se consolidaba como compositor y vocalista principal, la sección rítmica construía una base sólida que permitía a la banda navegar entre el funk explosivo y las baladas románticas.

«Brick House» se convirtió en uno de los grandes himnos funk de los años setenta. «Easy» mostró una faceta mucho más sensible. «Three Times a Lady» transformó al grupo en un fenómeno internacional. «Sail On» confirmó que podían combinar sofisticación musical y éxito comercial.

En todas esas grabaciones, Ronald LaPread aportó exactamente lo que un gran bajista debe aportar: estabilidad, groove y personalidad.

Quizá no era el músico más visible sobre el escenario.

Pero era uno de los más importantes.

La historia detrás de «Zoom»

Si existe una canción que resume quién era Ronald LaPread como compositor y ser humano, probablemente sea «Zoom».

No fue el mayor éxito de The Commodores.

No alcanzó la popularidad de «Easy» ni la fama universal de «Three Times a Lady».

Pero detrás de ella existe una historia que explica mucho sobre el hombre que la creó.

Durante la grabación del álbum Natural High de 1978, LaPread llegó a los ensayos con una melodía y una idea nacida de una experiencia profundamente dolorosa.

Su novia había ingresado al hospital para una intervención quirúrgica.

LaPread pasó horas esperando noticias afuera del quirófano.

Las nueve y media.

Las diez y media.

Las once y media.

Perdió vuelos programados. Perdió la noción del tiempo. Permaneció sentado esperando escuchar algo positivo.

Finalmente, poco después de la medianoche, un médico salió para comunicarle que habían descubierto tumores masivos en el útero. El diagnóstico era devastador. Le dieron apenas unos meses de vida.

LaPread abandonó el hospital cargando una mezcla imposible de tristeza, impotencia y amor.

De esa experiencia nació la melodía de «Zoom».

Lionel Richie terminó escribiendo la letra y la canción se convirtió en una de las composiciones más personales del catálogo de los Commodores.

Poco tiempo después, la mujer falleció.

Décadas más tarde, la canción sigue sonando como una despedida suspendida entre la esperanza y el dolor.

Una vida lejos de los reflectores

LaPread abandonó The Commodores en 1986.

Mientras Lionel Richie desarrollaba una carrera solista gigantesca, él tomó un camino muy distinto.

Se mudó a Nueva Zelanda y comenzó una nueva etapa de vida lejos de las grandes giras internacionales.

Para algunos artistas, desaparecer de los titulares equivale a desaparecer de la música.

No fue su caso.

Continuó tocando, participando en proyectos locales y manteniendo una relación cercana con la comunidad musical neozelandesa. Quienes lo conocieron durante esas décadas coinciden en describirlo como una persona amable, accesible y profundamente apasionada por la música.

Era el tipo de músico que seguía tocando porque amaba hacerlo.

No porque necesitara seguir demostrando algo.

El adiós de sus compañeros

Tras conocerse la noticia, The Commodores emitieron un comunicado recordando la importancia de su antiguo compañero.

Lo describieron como un músico excepcional, un compositor talentoso y una pieza fundamental dentro de la identidad sonora de la banda.

Lionel Richie eligió un camino más íntimo.

Tomó una línea de «Zoom» y la convirtió en despedida.

«I may be just a foolish dreamer / But I don’t care.»

No era una cita elegida al azar.

Era una manera de recordar al hombre que había llevado aquella canción desde una sala de hospital hasta convertirse en parte de la historia del soul.

Cierre editorial

Los bajistas suelen vivir en un territorio curioso.

Cuando hacen bien su trabajo, casi nadie habla de ellos. Cuando faltan, todos notan el vacío.

Ronald LaPread pasó gran parte de su carrera construyendo canciones desde ese lugar discreto donde habitan los músicos esenciales. No buscó convertirse en celebridad. No necesitó hacerlo.

Le bastó con ayudar a crear algunas de las canciones más queridas de los últimos cincuenta años.

Y eso, para cualquier músico, ya es una forma bastante digna de inmortalidad.

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