It’s A Long Way To The Top: cuando el rock aprendió gaitas

Por: Mike Stone

En 1975, AC/DC estaba forjando su identidad sonora en Sydney, Australia, con riffs crudos, voces rasposas y una energía que venía de la carretera, las tabernas y el sudor. Pero algo mismamente extraordinario ocurrió durante la grabación de It’s A Long Way To The Top (If You Wanna Rock ’n’ Roll): decidieron meter gaitas en medio del hard rock. No era algo planeado desde el inicio, sino un salto creativo que hoy se ve brutal y natural, pero que, en ese momento, parecía una locura.

El impulso creativo

El productor George Young (hermano de Angus y Malcolm Young) escuchó que Bon Scott, el cantante, había participado en su juventud en una banda de gaitas (“pipe band”) —aunque solo como batería, no como gaitero.

La idea de Young fue: “¿Y si intentamos meter gaitas en esta canción?” Las guitarras abiertas + el timbre rasposo sugerían que algo así podría funcionar como contrapunto. Bon aceptó, aunque tenía poca experiencia con las gaitas. Tuvo que aprender lo suficiente para tocar la parte básica, hacer que coincidiera con la guitarra y soportar las dificultades técnicas de coordinación y afinación.

El desafío técnico y artístico

  • El instrumento costó caro: Bon compró un set de gaitas por AU$ 479, una suma considerable para una banda en esos días.
  • Armar las gaitas fue en sí un problema técnico, junto con aprender lo esencial para que encajara con guitarras, batería y voz. En estudio usaron bucles (“drone” sustain) separados, y Bon aprendió la melodía pese a no haber tocado antes de forma profesional.
  • En vivo resultaba complicado: debían afinar las guitarras para coincidir con la afinación fija del “drone” de la gaita. Además, las gaitas tienen su propio instrumento emocional y físico demandante, de respiración, presión, coordinación.

El impacto

El resultado fue brutal: esa mezcla inusual le dio a AC/DC un carácter único, una marca sonora que capturaba tanto la rudeza del rock como una referencia cultural inesperada (las gaitas, tradición escocesa-británica, mezclada con los amplificadores sucios). It’s A Long Way To The Top se convirtió en himno no solo por su letra sobre los sacrificios del rock, sino por esa intro y esos pasajes que nadie escuchaba antes en rock pesado.

Aunque Bon tocó la gaita algunas veces en vivo, finalmente dejaron de usarla en directo por lo difícil que era mantener la sincronía, y después de que una vez alguien dejó las gaitas en un costado del escenario y el público las destrozara.

Hoy la canción sigue siendo referencia para bandas que buscan romper moldes, demostrar que lo inesperado puede sonar completamente orgánico.

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